Las cifras, las palabras y las historias
El medio ambiente es un tema muy importante que discutir hoy en día porque nos concierne a todos. No podemos hablar de otros problemas si deja de existir el mismo mundo que los alberga. Es un tema que me angustia en demasía. A raíz de lo anterior, consideré las posibilidades de abordar dicho tema; no obstante, antes de que pudiera sentarme a pensar en ello, las noticias me interceptaron. Más mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Muchas más. Un artículo de La Jornada de inicios del año menciona las cifras registradas por la PGR, la Comisión para Ciudad Juárez y la Conavim de las mujeres que han sido asesinadas hasta el 2010.
En conjunto, en 2009 y 2010 se registraron en esa ciudad fronteriza 469 feminicidios, más del 50 por ciento de todos los cometidos en los anteriores 16 años. [1]
Es por esto último que me “apapacho” con un “respiro” del caos ambiental y trato otro tema que me mantiene igual de despierta por las noches: la inseguridad. Como mujer habitante de la Ciudad de México, con una situación económica un poco mejor que estable, yendo a una elegante universidad, unos dirían que estoy sentenciada a la indiferencia. Yo diría que no. Tengo medios inimaginables a los que puedo accesar cuando, como y cuantas veces quiera; sólo requiere un poco de lo que otros llamarían disposición.
En Ciudad Juárez desaparecen mujeres y no se vuelve a saber más de ellas, a menos que sus raptores decidan hacer aparecer sus cuerpos sin vida y con evidencias claras de haber sido brutalmente torturadas y asesinadas, violadas de manera tumultuaria y arrancadas partes de su cuerpo o quemadas. Es un dolor terrible para esta sociedad. ¿No hay nada que mueva a quienes pueden hacer algo al respecto? La desesperación y miedo de las familias de vivir en tal inseguridad al ver a las hijas salir del hogar sin saber si van a regresar, no son motivo que afecte la voluntad de nadie de poner un freno a estos hechos. A la fecha estos crímenes están impunes, y a las mujeres desaparecidas nadie las busca… y los asesinatos y desapariciones continúan sin que a la fecha haya responsable alguno. Invitamos al gobierno a que emita alguna acción y deje de seguir ignorando que en esta frontera ocurre algo sumamente grave. Dejemos de ser cómplices de esta situación. Hacemos un llamado desesperado a todo aquél que su conciencia le exija hacer un mínimo esfuerzo por apoyar esta lucha en contra del feminicidio que parece no tener fin. Cada uno de nosotros, en nuestro ámbito de desempeño puede participar. Ustedes pongan los limites, la violencia en esta ciudad parece no conocer fronteras. Los asesinatos de mujeres jóvenes y pobres comenzaron a documentarse en Ciudad Juárez en 1993… En 2001 se extiende el terror a la ciudad de Chihuahua… ¿Dónde y cuándo terminará…? [2]
El anterior es un párrafo escrito por la co-presidenta de Nuestras Hijas de Regreso a Casa, A.C., la cual es una organización no gubernamental que se encarga de denunciar los feminicidios en Ciudad Juárez y la impunidad de los mismos. Marisela Ortiz era maestra de Lilia Alejandra García Andrade. Fue a partir de la desaparición y asesinato de Lilia en febrero del 2001, que Marisela -junto con la madre de Lilia, Norma Andrade- formaron dicha asociación. En ella, denuncian aquellos crímenes que no se castigan, los que se ignoran por toda lo corrupción que existe en el gobierno. Son crímenes que no se castigan porque los mismos que deberían de hacerlo son los más involucrados en ello; ellos son tan asesinos como cualquier otro matón. Al tratar de ocultar los casos, ellos están matando lo más humano de ellas: sus rostros, sus historias, sus meras existencias. Las siguientes son unas caricaturas que extraje del website de “Nuestras Hijas de Regreso a Casa, A.C.” para demostrar el trato que se les ha estado dando a los casos de las Muertas de Juárez desde el comienzo (en mayúsculas, porque “Muertas” se ha vuelto nombre propio). Elegí estas imágenes porque muestran la “simplicidad” de la problemática. El gobierno no hace nada, y a la vez lo hace todo.


“Ciudad Juáressshhhh” – Aumada

“A mitad del camino” – Rocha

“Hastío” - Helguera
Son las noticias del radio las que mantienen “un poco más vivas” a las víctimas del crimen organizado, pues considero que es una forma de denuncia de lo que todas aquellas mujeres (unos las llamarían niñas) trabajadoras, estudiantes, activistas, hijas, sobrinas, nietas, madres, mulas, espías, amantes y los otros “469” seres humanos no están aquí para contar. Al ignorar sus historias, las estamos callando al igual que los últimos gobiernos las han callado. 469 no es una cifra real. El pasado 2 de octubre, en un artículo de “SinEmbargo”[3], la investigadora Julia Monárrez del Colegio de la Frontera Norte declaró que de 1992 a 2007, el promedio de mujeres asesinadas en Ciudad Juárez era de 33 por año. A parir del 2008, cuando Calderón estableció el Operativo Conjunto Chihuahua[4], el índice aumentó a 212 al año. Me dan escalofríos: “212 al año”. Se habla de una cifra, como si habláramos de dólares, o de mentiras que dice el gobierno. La cifra no es exacta (nunca lo es), porque aunque se acordara en un número, deberíamos de preguntarnos cuántos se quedan bajo tierra (si tienen suerte). No son el relleno de las estadísticas. Son mujeres, son nombres y son historias.
SANGRE NUESTRA
Sangre mía,
de alba,
de luna partida,
del silencio.
de roca muerta,
de mujer en cama,
saltando al vacío,
Abierta a la locura.
Sangre clara y definida,
fértil y semilla,
Sangre incomprensible gira,
Sangre liberación de sí misma,
Sangre río de mis cantos,
Mar de mis abismos.
Sangre instante donde nazco adolorida,
Nutrida de mi última presencia.
Susana Chávez, Ciudad Juárez, Chihuahua, México
Pocos recuerdan el crimen de Susana Chávez. Es más, muchos apenas están enterándose de su caso al leer estas líneas. Su asesinato se pierde, como tantos más, en el anonimato de eso a lo que llamamos “Las muertas de Juárez”, un término que nosotros, los todavía vivos, inventamos para tratar de darle coherencia a una realidad que no tiene asidero lógico de dónde agarrarse, y que ahora es una especie de subcategoría de un término todavía más abstracto y más hueco: el de “Los muertos de la Guerra del narco”.
¿La poeta Susana Chávez es una muerta de Juárez, una muerta de la Guerra del Narco o una muerta “común”, o qué diablos dirá la estadística nacional?
Ayer fue asesinada en Ciudad Juárez Susana Chávez, hoy la familia Reyes, mañana alguien más. Todo pasa pero no pasa nada. Hay discursos, fiscalías, películas, comisiones, obras de teatro, libros, campañas internacionales, reportajes y textitos como éste y sin embargo nada cambia para las mujeres en Ciudad Juárez. Las cosas se ponen cada vez peor. La hemorragia es imparable.[5]
Amigos de la poeta la recordaron con canciones, poemas, consignas y videos. Sigue con nosotros.
Podría seguir dando un discurso meloso diciendo que siempre seguirá viva porque se queda en nuestros corazones y en nuestros recuerdos; sin embargo, por más cierto que pueda llegar a ser lo anterior, su muerte va a estar siempre presente: en la porción de pavo que se queda por repartir en las comidas de fin de año, en las cervezas que no van a ser tomadas los viernes y en la tinta que se cuaja cada vez más al fondo de la pluma. La guerra del narcotráfico, esa, la de Calderón, está callando a más personas de las que pudieron acabar de decir sus primeras palabras de amor, de tristeza, de enojo y de inspiración.
Con historias mantengo menos muertos a los míos. Al ignorar las noticias que agobian y las historias que los demás están contando, mantengo a los que no conozco menos vivos, por eso mismo: porque no los conozco. Contar historias nos mantiene a todos más humanos. Pero, ¿qué historias contar? ¿la de los gobernantes que estaban metidos (tan adentro como se puede) en la guerra que mataba a todos de maneras inimaginables? ¿la de la guerra del narcotráfico que era guerra de uno y sin embargo todos perdían menos él? ¿o la del presidente que le daba la espalda a todos los que iban por ayuda? ¿cuál será? Podemos contar muchas historias, sí, las podemos contar todas. Pero por más que la trama cambie y por más que los finales varíen, las historias son las mismas, la misma hemorragia imparable, y el fin es el mismo, detenerla.
Quiero aprovechar la confusión que lo anterior me ha causado (a mí y al parecer a muchos otros) y extrapolarla a la situación actual de México porque considero que el proceso de generar cambio es el mismo proceso de acabar una historia. Tenemos que ver las posibles variantes de muchos factores: a veces sabemos el final, a veces conocemos los personajes y a veces no sabemos nada, a veces sólo lo sentimos. Pero es la convergencia de todos estos elementos, los que hacen la historia, los que generan el cambio. A veces necesitamos hablar con más personas para tener una idea más clara, es más fácil. A veces ciertos cambios sólo los podemos hacer nosotros, pero la mayoría de las veces siempre hay gente que te ayuda a contar tu historia. Ya sé la historia que quiero contar. Estoy en el proceso de escribirla. Es la historia de las mujeres de Juárez.
[1] La jornada: “Registra Juárez en 2010 la cifra más alta de feminicidios en los últimos 18 años” (2 de enero de 2011) [http://www.jornada.unam.mx/2011/01/02/index.php?section=politica&article=006n1pol]
[2] Marisela Ortiz, Nuestras Hijas de Regreso a Casa A.C. [http://www.mujeresdejuarez.org/]
[3] Sin Embargo: “Narcoguerra detona femicicidios en Juárez, afirma investigadora del Colef” (2 de octubre de 2011) [http://www.sinembargo.mx/02-10-2011/49665]
[4] La Jornada: “Falló el operativo Conjunto Chihuahua, coinciden diversos sectores sociales” (28 de marzo de 2010) [http://www.jornada.unam.mx/2010/03/28/index.php?section=politica&article=007n1pol]
[5] Nuestra aparente rendición: “El asesinato de una poeta” [http://nuestraaparenterendicion.com/index.php?option=com_k2&view=item&id=757:el-asesinato-de-una-poeta&Itemid=104]